De modo culto… y también vulgar

El mismo hecho está contado usando variedades diferentes de la lengua.

A) Lee en voz alta las cinco versiones siguientes. Extrae al menos cuatro rasgos lingüísticos que caractericen a cada una de estas cuatro variedades de uso de la lengua (infórmate antes sobre las características de cada una de ellas):

  1. Estándar o común.
  2. Coloquial.
  3. Jergal.
  4. Vulgar.

B) Piensa en un hecho llamativo de tus vacaciones de verano y cuéntalo de dos maneras:

  1. Coloquialmente: se lo cuentas a una amigo.
  2. Con la lengua estándar o común: se lo cuentas al profesor

Ejemplos de respuestas muy bien hechas: Caída del caballo (Pilar Ortega); En la playa y sin sombrilla (Mª Pilar Iranzo)

Relato

Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un per­sonaje con el cuello bastante largo que llevaba un som­brero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lu­gar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y po­rrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adre­de cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero aban­donó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre.

Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la es­tación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndo­se subir el botón superior por algún sastre competente.

Vulgar

¿Sabes? Eran poco más de las doce cuando me las vi negras para subir alese. Mesubo. pues, pago mi billete porque no había más remedio, ¿no te parece?, y, bue­no, me fijo nun fulano con pinta panoli, con un cuello, osea, que a uno le parecía un telescopio con una es­pecie cordón alrededor duna birria sombrero. Y me lo miro, fíjate, qué pinta tenía de lila, entonces se ponen­cabronar a uno questaba a su lao. Oiga, chamulla, mu­cho cuidao ¿eh?, añade, que me parece caposta, llori­quea, que me estáciendo polvo los pinreles, farfulla, pisándome sin parar, le encasqueta. En eso, muy pagao de la cosa, se larga sentarse. Comun ceporro.

Vuelvo a pasar más tarde por la plaza Roma y, mira, me lo veo pegando la hebra con otro mamarracho de su cuerda. Oyes, le suelta lotro, pues tendrías, le decía, que poner otro botón, añadía, a tu abrigucho, concluía.

(RAYMOND QUENEAU: Ejercicios de estilo)

Exclamaciones

¡Ostras! ¡Las doce! ¡Hora de coger el autobús! ¡Cuánta gente! ¡Cuánta gente! ¡Qué apreturas! ¡Qué gracia! ¡Ese pollo! ¡Qué jeta! ¡Y qué cuello! ¡Setenta y cinco centímetros! ¡Por lo menos! ¡Y el cordón! ¡Vaya cordón! ¡No lo había visto! ¡El cordón! ¡Es lo más gra­cioso! ¡Sí, eso! ¡El cordón! ¡En el sombrero! ¡Un cor­dón! ¡Gracioso! ¡Muy gracioso! ¡Y mira cómo se ca­brea! ¡El del cordón! ¡Con un vecino! ¡Lo que le larga! ¡Mira el otro! ¡Que le ha pisoteado! ¡Se van a dar de tortas! ¡Seguro! ¡A que no! ¡A que sí! ¡Dale! ¡Dale! ¡Pár­tele la cara! ¡Venga! ¡Atízale! ¡Mecachis en la mar! ¡No! ¡Se arruga! ¡El tío! ¡Y qué cuello! ¡Y qué cordón! ¡Mira cómo vuela al asiento! ¡Allá va! ¡El tío!

¡Mira! ¡Anda! ¡No! ¡No me equivoco! ¡Es él! ¡Se­guro! ¡Allí! ¡Allí mismo! ¡En la plaza de Roma! ¡De­lante de la estación de Saint-Lazare! ¡Paseándose de arriba abajo! ¡Y con otro tipo! ¡Y las tontadas que le está diciendo el otro! ¡Que se añada un botón! ¡En el abrigo! ¡Sí! ¡Sí! ¡En el abrigo!

Apartes

El autobús llegó abarrotado de pasajeros. Ojalá no lo pierda; qué chamba, aún queda un sitio para mí. Uno de ellos qué pinta más chusca tiene con ese pes­cuezo desmesurado llevaba un sombrero de fieltro ro­deado por una especie de cordoncillo en lugar de cinta qué pretencioso queda eso y de repente se puso pero qué le ha dado ahora a vituperar a un vecino el otro se hace el sueco reprochándole que le pisoteaba adre­de tiene pinta de querer bronca, pero se arrugará los pinreles. Pero al quedar dentro un sitio libre qué decía yo, volvió la espalda y corrió a ocuparlo.

Dos horas más tarde aproximadamente las coinci­dencias son curiosas, se encontraba en la plaza de Roma en compañía de un amigo un gilipollas de su es­to/a que le señalaba con el índice un botón de su abri­go ¿qué tontadas le estará diciendo?

Pasota

Osea, qué palo, colega, el cacharro no venía ni de coña. Y yo que llegaba tarde al curre. Y luego, qué alu­cine, qué pasote, iba lleno cantidad. Y me veo, o sea, un chorbo cantidad de pirao, con un sombrero cutre, mangui perdido. Y de pronto le dice a un pringao que lo estaba pisoteando, el muy plasta, que le había deja­do el pie chungo. De pena, colega. Jo, qué demasiao, qué fuerte. ¡No veas! Y en pleno mosqueo, al tío le da corte, pasa total y se larga a sentarse a toda hostia.

Y, o sea, dos horas más tarde, vaya tela, colega, me lo veo enrollao con un tronco que le comía el coco di­ciéndole que estaría guay con otro botón en la chupa. De buten. ¿Vale o no vale, tío?

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