El Alcalde de Zalamea, por Cª N. de Teatro Clásico

Aquí os adjunto algunas pistas sobre el montaje y la obra que vamos a ver:

Es una de las obras más representadas y conocidas de nuestro teatro del Siglo de Oro porque es sin duda una de las mejores obras teatrales de todos los tiempos. Ésta es su tercera puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 25 años, tampoco es tanto si nos comparamos con el culto anglo a Shakespeare. Siempre tiene algo que decirnos. Y en esta ocasión nos recuerda que Pedro Calderón de la Barca hizo hace cuatro siglos una pieza rebelde, provocadora, audaz y valiente como pocas. Tenía su autor 51 años, era famoso y reverenciado, salía de una gran crisis personal y supondría su última aportación a los asuntos políticos antes de hacerse sacerdote y dedicarse sobre todo a los autos sacramentales.

El alcalde de Zalamea reivindica a los villanos, la incipiente burguesía, dos siglos antes de la Revolución Francesa. Crítica el grado de opresión injusta que sufrían por parte de la aristocracia y su brazo armado. Justifica su rebeldía contra los abusos del poder, y hace que el rey y el general tengan que plegarse a lo decidido por el alcalde, porque es justo y va más allá de la legalidad vigente. Reinaba Felipe IV y no sabemos si llegó a conocer la obra; es muy posible que al menos lo hiciera de referencias. Los tercios españoles se batían en retirada, se perdían Flandes y Portugal. Era toda una provocación por parte de Calderón hacer que un villano se impusiera al poder absoluto aunque solo fuera en un escenario. Arriesgó su vida y su hacienda con ello, pero no fue castigado ni marginado. Un ejemplo para autores y autoridades de nuestros días.

Pero la obra no ha sido leída de esta forma y generaciones de eruditos se han perdido en meandros de significados. No haga caso a nadie y juzgue por sí mismo. En un tiempo de apariencias y de falsas progresías, como la operación de resucitar Mahagonny en el Teatro Real, el alcalde de Zalamea pertenece a una tradición de nuestro teatro clásico de la que hay razones para enorgullecerse: la de las denuncias del abuso de poder, entre los que podríamos incluir Fuenteovejuna, Del rey abajo, ninguno, Peribáñez y el Comendador de Ocaña o El mejor alcalde, el rey. Todas reflejan la fuerte tensión social existente entre nobles y villanos: un cortesano, a menudo un militar, atropella el honor del villano, que se ve obligado a tomarse la justicia por su mano, así como los desmanes que la soldadesca provocaba impunemente sobre los ciudadanos y la obligación, para los habitantes de los pueblos y aldeas en el camino del ejército, de alojar a los soldados en sus casas.

Apareció publicada por primera vez con el título ‘El garrote más bien dado’, que hace referencia a la aplicación sumarísima de la pena de muerte por garrote vil que decide el alcalde Pedro Crespo contra el capitán violador don Álvaro de Ataide. Uno de estos instrumentos aparece en escena, recordándonos que fue utilizado por última vez en España en 1974.

Como muy bien resume la Wikipedia, la obra narra el drama vivido en la localidad extremeña de Zalamea de la Serena al pasar las tropas españolas con motivo de la guerra de Portugal. El capitán Don Álvaro de Ataide, personaje de extracción nobiliaria es alojado en la casa del labrador rico de la localidad, Pedro Crespo, a cuya hermosa hija Isabel roba y ultraja. Cuando Pedro Crespo intenta remediar la situación, ofrece bienes a Don Álvaro para que se case con Isabel, a la que rechaza Don Álvaro por ser villana, es decir de clase inferior. Este desprecio afrenta definitivamente el honor de toda la familia de Pedro Crespo. En pleno trauma familiar, es elegido Alcalde de Zalamea y siguiendo una querella cursada a la justicia por la ultrajada Isabel, aún sin poseer jurisdicción sobre el militar, Pedro Crespo prende, juzga y hace ajusticiar a Don Álvaro dándole garrote. La trama se resuelve, cuando el Rey Don Felipe II, revisa la decisión del Alcalde, la ratifica y premia su decisión nombrando a Pedro Crespo alcalde perpetuo de Zalamea.

Eduardo Vasco, responsable de la CNTC, es el director de la obra. La escenografía sigue la tónica escueta que practica la compañía, quizás demasiado en este caso. En lo referente a los actores, a sus modales y sobre todo a su dicción del verso, hay dos niveles; uno, excelente, el de los actores maduros, especialmente Joaquín Notario como el alcalde, secundado por José Luis Santos como el general de los tercios. Y otro, deficiente, que representa especialmente Ernesto Arias ofreciéndonos un capitán que habla y se mueve como si pasara por la calle hoy mismo, y Eva Rufo que no consigue transmitirnos el dramatismo de lo que le ocurre a la hija del alcalde en su intervención clave de la obra. Bien está el personaje de Pepa Pedroche y todo lo contrario ese rey tan poco majestuoso que aparece. Sobresaliente como siempre en la CNTC la incorporación de la música, que se ha hecho un imprescindible sello de distinción en sus trabajos.

En general, el verso nos sonó peor que esa media alta a la que nos tiene acostumbrados la Compañía. Muchos diálogos se entendían mal, y en general nos pareció que los esfuerzos por acercar el verso al habla corriente habían traspasado un límite de lentitud y solemnidad que es completamente necesario con los clásicos. La excesiva ridiculización de Don Mendo impedía comprender personaje tan importante, el hidalgo, a mitad de camino entre los nobles y los plebeyos, aquella clase social tan peculiar de España y tan responsable en la decadencia del imperio.

 

La obra tiene lugar a lo largo de tan sólo cuatro días de agosto. Vasco opina con razón que El alcalde de Zalamea es, junto con La vida es sueño, la obra más universalmente reconocida de nuestro teatro clásico. Tiene una perfecta estructura en la que habitan unos personajes profundos, sinceros y asombrosamente pegados a la realidad. El estilo del verso es directo, sencillo, apenas lo suficientemente barroco para no perder el sustrato lírico imprescindible que marca el culteranismo vigente; transmite una extraordinaria sensación de realidad porque comprendemos y compartimos sin obstáculos el drama en su contexto. Sus diálogos eran considerados paradigmáticos, al contener la belleza del verso calderoniano y parte de una filosofía popular que está siendo aplastada en nuestros días, y que tiene que ver con el individuo mismo, con la honradez, la dignidad, el trabajo, la tierra, la confianza y la justicia.

La obra teatral se representa desde 1994, de jueves a domingo, cada tercera semana del mes de agosto, al aire libre en Zalamea de la Serena (Badajoz), por 500 vecinos y vecinas de esta localidad, dirigidos por Miguel Nieto e Isabel Castro. En un espacio de 100 m. de largo por 58 m. de profundidad, en el que se ubican siete espacios escénicos rodeados por unas gradas para 2.000 espectadores y un espacio para 500 sillas.En 2008 fue calificada “Fiesta de Interés turístico Regional” por la Junta de Extremadura.

Un texto extraordinario, una trama perfecta, un argumento realista, y una defensa de la justicia por encima incluso de las leyes. Eran tiempos en que España era el país más avanzado, el más culto, el más civilizado. ¿Por qué lo estropeamos? Todavía estamos esperando la respuesta. Esta obra imperecedera, que merecería más que el don Juan Tenorio ser una tradición repuesta cada año, esta obra, repetimos, lo demuestra. Vale tanto o más que el mejor Shakespeare. La gira de la CNTC durará medio año y llegará hasta Chile.

El alcalde de Zalamea
Pedro Calderón de la Barca
Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC)

Reparto por orden de intervención
Rebolledo: David Lorente
Soldado / Escribano: Diego Toucedo
Soldado: David Lázaro
La Chispa: Pepa Pedroche
Capitán don Álvaro de Ataide: Ernesto Arias
Sargento: Pedro Almagro
Don Mendo Miguel Cubero
Nuño: Alejandro Saa
Pedro Crespo: Joaquín Notario
Juan, hijo de Pedro Crespo: David Boceta
Isabel, hija de Pedro Crespo: Eva Rufo
Inés: Isabel Rodes
Don Lope de Figueroa: José Luis Santos
Soldado / Rey Felipe II: Alberto Gómez
Soldado/ Labrador: José Juan Rodríguez
Percusión/ Villano/ Soldado: Eduardo Aguirre de Cárcer;
Viola de gamba Alba Fresno
Percusión/ Villano/ Soldado, Eduardo Aguirre de Cárcer

ESPACIO SONORO Eduardo Vasco
ASESOR DE VERSO Vicente Fuentes
ILUMINACIÓN Miguel Ángel Camacho
SELECCIÓN DE VESTUARIO Lorenzo Caprile
ESCENOGRAFÍA Carolina González
VERSIÓN Y DIRECCIÓN Eduardo Vas

El texto completo de la obra en Cervantes Virtual

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01476174300181695209079/p0000001.htm#I_3_

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