Jostein GAARDER: La joven de las naranjas

“¿Estas cómodo, Georg? Es importante que estés bien sentado, porque voy a contarte una inquietante historia. Pero tal vez te hayas acomodado ya en el sofá de piel amarillo. Bueno, si es que no lo habéis cambiado por uno nuevo, qué se yo. O también puedes haberte sentado en la vieja mecedora del jardín de invierno que tanto te gustaba… Varias veces he intentado imaginarme cómo será el mundo dentro de unos años, pero nunca he conseguido forjarme una buena imagen de ti y de cómo eres ahora. Sólo se que fuiste. Ni siquiera sé la edad que tienes a leer esto…”.

Así comienza la carta que recibe el joven Georg, aficionado al piano y fascinado por la astronomía. Su padre se la dejó escrita al saber que iba a morir, y llega a su destinatario once años después de su muerte.En la misteriosa carta, su padre le cuenta cómo conoció a una joven que llevaba una bolsa llena de naranjas, y le hace a Georg una misteriosa pregunta sobre la vida y la muerte.

Guía de viaje para la lectura:

1)      Tiempo. “No solo tenemos un lugar en la vida. También tenemos un tiempo medido.” (pág. 19).
¿Ocupo mi lugar propio, o me escondo? ¿Vivo mi tiempo, o me refugio en el recuerdo o en el mañana?

Piet Hein: “El que no vive el momento no vive nunca. ¿Qué haces tú?” (pág. 65). ¿Y tú? ¿Y yo?

2)      Recuerdos. “Tal vez no recuerdas nada de aquella época [tu infancia], Georg, que también fue la mía…”
¿Qué recuerdas tú de tu infancia? ¿Objetos: el tren, el triciclo, la sillita…, como Georg? ¿O también lo vivido: un paseo o un lugar compartidos con alguien querido?

3)      El primer encuentro con la joven, y las naranjas rodando:
“ella me miró, como si me hubiera elegido de entre toda esa multitud” (p. 29); “ella había conseguido meterse entre yo y el resto del mundo” (p.36);y se bajó del tranvía “con una sola naranja en la mano”; busqué su rastro en “una reciente cáscara de naranja en una papelera” (p.35); y la imaginación que empieza a volar: ¿quién será?

Y Georg comenta: “¿Por qué no podía escribir simplemente que se había enamorado de ella?” (p. 41) ¿Opinas como Georg?

4)      Georg está aprendiendo a tocar la sonata Claro de luna de Beethoven: domina el primer movimiento, le atrae el segundo y le asusta el tercero (“es directamente amenazador”, p. 48).
¿Qué tendrá que ver esto con la novela? ¿Y con la vida? A lo mejor, cuando avances y concluyas  en la novela, podrás responderte.

5)      La moda, la imagen personal, el fútbol… ¿pueden impedirnos ver el universo? (pág. 57-58).

6)      Cómo conocer a quien amamos:

  1. ¿Qué le gustará a ella /él? ¿Qué película, por ejemplo (pág. 61)? Si le gustasen La encajera o Paso decisivo es porque ella es… ¿Cómo?
  2. ¿Con quién estará? (p. 62) ¿De qué otro mundo, de qué otro cuento vendrá? (pág. 67)

7)      Cómo saber si amo, y cuánto: “¿cuánto puedes esperar?” (pág. 72) ¿Cinco minutos, seis meses? ¿Cumplió su promesa Georg? ¿También en el amor son necesarias las reglas? [pág. 97, p. 102]

¿Y tú, cuánto estarías dispuesto a esperar?

8)      Preguntas. Preguntas del padre a su hijo Georg, a través del tiempo (pág. 76). ¿Se las puedes responder tú?

Los padres y abuelos de Georg también preguntan: ¿Qué lees? ¿Es una lectura triste? ¿Te gusta? (pág. 78 y 79) ¿Qué responderías tú si te preguntasen  a ti tus padres? Díselo, aunque no te hayan preguntado. A ver qué dicen.

9)      Presentaciones. Georg al lector: “Te presento a: mamá, Jorgen, mis abuelos paternos, mi hermana Miriam, Isabelle, a mí mismo (Georg).” De cada uno, su lado más fuerte y su lado más débil. ¿Son dos caras de la misma moneda, es decir, de la misma característica?

¿Y si tuvieras que presentar tú a tus padres y a ti mismo? ¿Qué lado fuerte, qué lado débil?

10)   En Sevilla: en la plaza de la Alianza, donde “cada individuo era como una arca de tesoros viva”, “ella apareció”.  ¿Se conocen y/o se re-conocen? (p. 110). Comenta lo que te sugiere la escena en que ella dice que le ha capturado;  y él a ella, que la ha encontrado (p. 115-117).

11)   Un antiguo novio, el tipo del Toyota. ¿Pasado y/o futuro en la vida de Verónica? Quizá debas esperar al final para responder.

“No podemos ser dueños del pasado del otro, Jan Olav. La cuestión es si tenemos un futuro juntos.” Le dice Verónica (p. 114) ¿Estás de acuerdo?

12)   Cuando amas, aprendes a conocer todo mejor: a la persona que quieres y a lo que ella ama (las flores, los insectos, por ejemplo, p. 136), y también al Universo que observas; aprendes  a meterse en el cuento del que ambos formáis  parte y a la vez en “este gran cuento en el que vivimos” (p. 131). Pero todo cuento se acaba, el del amor y el de la vida. Cuando Verónica y Jan Olav dialogan sobre ello (p.126) uno lo vive como una oportunidad y otro como algo que acabará. ¿Y tú, de qué lado te inclinas?

13)   Georg no acaba de entenderlo: ¿por qué su padre mezcla el telescopio espacial con la historia de la joven de las naranjas? (p. 133). ¿Tú le ves relación?

14)   ¿Ser poeta o ser médico? Se planteó el padre de Georg. ¿Incompatibles ambas cosas?

15)   Y llegó la enfermedad, y la cercanía de la muerte: y traen nuevas reglas entre los que se quieren. ¿Cuáles? ¿Y miedo?

16)   “¿Y quién soy yo?” (p. 148) -preguntó Georg a su padre. ¿Te animarías a preguntar eso mismo a tu padre o madre?

Y el padre se pregunta a sí mismo y pregunta a su hijo: si hubieras podido elegir,  ¿hubieras aceptado venir a la vida o no? (p.151)  ¿Qué responde Georg, de qué manera puede responder? Quizá debas dejar esta respuesta para el final. ¿Y su propio padre, qué responde? ¿O está esperando aún a que Georg lea la carta que le ha escrito para responderla? ¿Qué habrías elegido tú?

17)   Y Georg termina de leer la carta de su padre. Y ahora les toca (a Georg, a su madre, a  su padrastro, a sus abuelos) mirar de frente el pasado, como hace el telescopio Hubble cuando enfoca al Universo: un cuadro, un tren, un viejo ordenador, un disco re-cantado a dúo por una hija y su padre, un padre/marido muerto, un antiguo novio, una posible novia violinista que aún no lo es…

¿Para olvidarlo, para colocar cada recuerdo en su sitio, para reabrir heridas, para reconocer de dónde vengo, para dar gracias por estar aquí…? ¿Para qué, en cada caso, dirías tú?

18)   La vida: ser y no ser, un asombro y una pena, una flor entre dos abismos,  un encuentro (¿casual?) de dos seres que viven un cuento con sus propias reglas…  ¿Merece la pena, como bien dice la expresión castellana? ¿Qué contesta, por fin, Georg a su padre?

19)   Georg remata con un epílogo (PS= post scriptum) en que te anima a ti, lector, que has sido agraciado con un boleto premiado (la vida): “Pregúntale a tu madre o a tu padre cómo se conocieron”. Lo más detalladamente posible, “porque si el final hubiese variado ligeramente, tú no habrías nacido”. ¿Te animas?

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29 comentarios to “Jostein GAARDER: La joven de las naranjas”

  1. Juan L. Requejo Says:

    “No solo tenemos un lugar en la vida. También tenemos un tiempo medido.” (pág. 19).
    ¿Ocupo mi lugar propio, o me escondo?
    ¿Vivo mi tiempo, o me refugio en el recuerdo o en el mañana?

    • Ervin Valverde Says:

      Tiempo, quizás es algo que a la mayoría de jóvenes no preocupe, quizás a alguno aún no se le ha pasado por la cabeza reflexionar sobre lo que significa esa palabra. Pero la verdad es que nuestras vidas, y nosotros mismos estamos hechos de tiempo, recuerdos… Quizás estemos más preocupados por nuestro futuro que de nuestro pasado, pero una persona no es lo que será, sino que lo ha vivido, que es a partir de la cual se forma cualquiera. Personalmente le doy más importancia al mañana, pero quizás sea por mi edad, que es nada comparado con el universo (tema que también forma parte del libro, y que nos da otra visión del tiempo).

      • Almudena Rocha Says:

        el tiempo es algo de lo que no somos conscientes, ya que somos jóvenes y no entendemos lo que es que el tiempo pase y sea desaprovechado, todo el mundo lo intenta aprovechar de la mejor manera posible ,pero a veces eso es difícil de conseguir; yo, ocupo mi lugar propio, no me gusta esconderme ante nada porque no me servirá de mucho. También me gusta vivir mi tiempo exactamente en el momento, porque a veces pienso, ¿para qué refugiarse en un recuerdo pasado si es algo que ya te ha pasado y que en el presente no te servirá? bueno supongo que habré vivido muchas cosas comparadas con mi edad y por eso pienso así, no sé.

    • Miriam Izquierdo Says:

      Desde mi punto de vista preguntarnos si vivimos o no vivimos nuestro tiempo no es la pregunta adecuada. Todos acabamos viviéndolo de una manera o de otra, queriendo o sin querer. Para mí la cuestión realmente está en cómo vivimos nuestro tiempo. Podemos desaprovecharlo pensando continuamente en el pasado o en el futuro, o centrarnos en el hoy, aceptarlo y vivirlo al máximo, porque no va a volver nunca.
      Supongo que desde mi juventud poco puedo decir, aún me queda mucho tiempo por vivir (o eso quiero pensar), pero está claro que cualquier cosa puede hacer que en un momento determiado desaparezca todo ese tiempo que pensabas tener. Y si eso ocurriese en cualquier momento, no me gustaría arrepentirme por no haber aprovechado todo el tiempo que he tenido. No es fácil, pero de eso se trata. Diría que podría resumir mi manera de tratar de llevar el tiempo en “carpe diem”.

    • Maria Luengos Says:

      Yo pienso que si tuviéramos que reflexionar sobre el tiempo que llevamos vivido, es decir, el pasado, no sabríamos qué pensar o qué decir. En realidad son pocos años los que llevamos vividos y, como bien ha dicho mi compañero Ervin, los jóvenes de hoy en día no nos paramos a pensar en el pasado, nos centramos en el futuro y en el “mañana”. Y quizás tendríamos que pensar en el pasado, y reflexionar sobre los años que dejamos atrás sin darnos cuenta y que pasan muy deprisa.
      Entonces, resumiendo, yo diría que el tiempo en la vida pasa muy rápido si no te paras a pensar en los detalles; y, como no sabemos cuándo puede acabarse ese tiempo, es mejor disfrutar del presente para no arrepentirte cuando eso ocurra.

    • Gema Cruz Says:

      Bajo mi punto de vista, no sólo tenemos un lugar en la vida, si no que también un tiempo medido.
      Preguntas como las planteadas con anterioridad nos hacen reflexionar sobre nuestra estancia en este mundo pero realmente nosotros construimos la vida con conceptos espacio-temporales, ya que ésta debe ser, bajo mi punto de vista, el `Aquí y ahora´, reflexión asociada al propio momento que nos diera el control y disfrute de lo que hacemos y vivimos pero de manera total. De este modo, seremos conscientes y capaces de pensar con el corazón, garantizándonos la esencia de nosotros mismos para no perder el verdadero sentido que tiene la vida: ser felices.
      El tiempo va a seguir corriendo sin esperarnos, así que con más motivo aún,lo que debemos hacer es no derivar la negatividad de las cosas y quedarse siempre con lo mejor, aprendiendo y evolucionando como persona.

  2. Juan L. Requejo Says:

    “Tal vez no recuerdas nada de aquella época [tu infancia], Georg, que también fue la mía…”
    ¿Qué recuerdas tú de tu infancia?
    ¿Objetos: el tren, el triciclo, la sillita…, como Georg? ¿O también lo vivido: un paseo o un lugar compartidos con alguien querido?

    • Ervin Valverde Says:

      Si tuviera que escoger un recuerdo especial de mi infancia, sería el de una madrugada, muchas luces en la lejanía, y el avión aterrizando a no sé dónde. ¡Quién iba a pensar que ese sería el país donde me encuentro ahora!

    • Almudena Rocha Says:

      Lo que más recuerdo de mi infancia es el sonido del motor de avión de cuando me mudé a Italia, y también la enorme casa que durante tres largos años se convirtió en mi casa. Objetos, pues había una mesa camilla en la que me pasaba todo el día estudiando italiano y haciendo los deberes y era lo más divertido que hacía ya que aprender italiano me resultaba una actividad muy divertida y muy interesante.

    • Belén González Says:

      Tengo tantos buenos recuerdos que no me podría quedar solamente con uno, pero los recuerdos más especiales que tengo son aquellos largos días de verano en los que, junto con amigas mías, parte de mi familia y amigos de mis padres, recorríamos grandes distancias y preciosos pueblos tanto de costa como de montaña descubriendo cada día un nuevo lugar de mi tierra, y creando recuerdos inolvidables.

    • Beatriz Cicuéndez Says:

      De mi infancia lo que más recuerdo eran las tardes, que a pesar de no tener nada que hacer no parabas. Siempre encontrabas algún juego o algo con lo que entretenerte. Pero los mejores momentos eran en los que mi padre nos dejaba a una amiga (también hija de un profesor) y a mí dar vueltas por el colegio cuando este ya estaba vacío. Eras como el rey del colegio mientras todos los demás niños se habían ido, tú estabas sólo y sin nadie que te vigilase, aunque claro está que todo tenía que quedarse como lo encontramos. Esto lo hacía aún más interesante ya que era como un secreto. Tiene que ver también con las reglas del juego de las que habla el libro porque, si no las cumples, el juego se acaba.

    • Miriam Izquierdo Says:

      Uno de los mejores recuerdos que tengo de mi infancia son los viajes los fines de semana al pueblo para ver a mis primos y mis abuelos. En invierno se hacían muy amenos con la chimenea, pero claramente según venían las buenas temperaturas aquello mejoraba con creces. Poder estar todo el día corriendo y jugando fuera, ayudar a los abuelos con las tareas del campo, hacer travesuras y que el abuelo nos regañase para, a los cinco minutos, darnos un abrazo enorme a los cuatro… La verdad que a veces me gustaría poder volver a tener 5 ó 6 años y revivir esos momentos

    • Maria Luengos Says:

      En realidad no sabría decir cuantos recuerdos tengo guardados de mi infancia. Uno que recuerdo muy bien es una navidad en casa de mi abuela. Era 25 de diciembre y me levanté la primera a despertar a mi padre. Le dije muy nerviosa si podía bajar a ver los regalos. Él me dijo que sí, pero que no los podía abrir hasta que se despertasen todos. Bajé corriendo por la escalera y busqué mis regalos de entre el montón que había en el salón. Aún recuerdo mi cara de felicidad cuando los vi y más cuando los abrí. Quizá la navidad sea una de las épocas que más recuerdos me traen de la infancia. Me encanta ver a toda la familia junta compartiendo felicidad en esas fechas, aunque también sea una época que trae consigo tristeza y melancolía.

    • Paula Sánchez González Says:

      Yo lo que más recuerdo de mi infancia es probablemente un pueblo al que íbamos y vamos al manos una vez al año. Esta en Navarra,en los pirineos y no tiene más que cuatro casas y un columpio rojo donde me pasaba tardes enteras. Aquel sitio es una referencia para mi del final del verano ya que siempre voy en septiembre. Lo mejor es que mires a donde mires solo hay verde, es verdaderamente precioso.

    • Gema Cruz Says:

      Mi infancia, siempre ha sido un pura mezcla y explosión de sensaciones alegres y de aventuras. Desde las navidades al verano, recorriendo todos los meses y días del año. Tengo muchos buenos y malos recuerdos como las personas que se fueron y dejaron lecciones en mí que nunca olvidaré, amigos que desde que nací ya sabía que iban a estar ahí pasara lo que pasara, momentos críticos en el hospital debido a problemas respiratorios que han hecho en mi una evolución como persona, y por supuesto muchas risas y viajes a mi pueblo, excursiones.., donde lo mejor era la compañía.
      No sabría decir recuerdos materiales o incluso algún momento en concreto, ya que pese a mi corta edad y poca memoria, han sido tantas y tantas vivencias que es difícil quedarse con alguna.
      Como ejemplo podría recalcar las millones de Barbies que de pequeña tenía y que no he tirado ni tiraré nunca. Esa magnifica colección me acompañó en mi infancia y, pese a estar guardadas como reliquias, me acompañan desde el desván.
      También puedo añadir de uno de mis viajes a Tenerife el mal rato que pasé cuando por la noche vi tantas cucarachas juntas. Yo pensaba que no salía de allí y me tendrían que mandar a recoger.
      Como esos momentos y vivencias, miles y miles más que viví y por supuesto muchísimas más que viviré pero siempre como objetivo vivirlo al máximo, sea lo que sea.

  3. Juan L. Requejo Says:

    El primer encuentro con la joven, y las naranjas rodando:
    “ella me miró, como si me hubiera elegido de entre toda esa multitud” (p. 29); “ella había conseguido meterse entre yo y el resto del mundo” (p.36);y se bajó del tranvía “con una sola naranja en la mano”; busqué su rastro en “una reciente cáscara de naranja en una papelera” (p.35); y la imaginación que empieza a volar: ¿quién será?

    Y Georg: “¿Por qué no podía escribir simplemente que se había enamorado de ella?” (p. 41) ¿Opinas como Georg?

    • Almudena Rocha Says:

      Yo creo que no podía decirlo directamente porque no sabía si se había enamorado, sólo sabía que esa chica le había llegado al alma y que la necesitaba ver otra vez

    • Belén González Says:

      En mi opinión, no lo dice porque él no lo considera un enamoramiento más. Por lo tanto no lo puede expresar así porque, como él mismo dice en el libro, es algo muy especial, algo más que amor. Tan especial lo considera que incluso llega a sentirlo como si se conociesen de una vida pasada, como si estuviesen destinados sola y únicamente a estar juntos.

    • Beatriz Cicuéndez Says:

      A lo mejor él nunca se había enamorado de verdad, no sabía lo que se siente y simplemente nos describe sus sentimientos y lo que sucedía, y esa necesidad que tenía de volver a verla. También puede ser para que vivamos con él lo que iba sintiendo, y cómo esa carta va dedicada a un adolescente, para que sepa lo que ha de sentir cuando esté enamorado.

    • Maria Luengos Says:

      Yo pienso que en ese momento no te das cuenta de que estás enamorado o estás empezando a enamorarte. Y por eso mismo no dice textualmente y directamente que está enamorado. Seguro que se da cuenta de eso más adelante, cuando encuentra la necesidad de ver a la joven de las naranjas y la busca por todas partes y se imagina dónde podría estar, con quién y por qué.

    • Gema Cruz Says:

      Personalmente opino que es evidente que lo que sintió superaba la verbalización de que se había enamorado. Para nada de acuerdo con la opinión de Georg. Era una sensación y percepción de ella en plenitud, capaz de hacerse presente en él en todo momento. El hecho de decir que “ella me miró, como si me hubiera elegido de entre toda esa multitud” nos da evidencias de que para él no había cosa de mayor valor o importancia.
      Para él era ella, no había más, como si fueran solos en el vagón, esa sensación de que los demás no importan y se transforman en invisibles por el simple hecho de que ella está, apartando cualquier ocupación en su mente por simplemente observarla como única que para él ella es. Ella le ciega la vista con sólo ocupar los mismos metros cuadrados, para nada un simple enamoramiento.

  4. Juan L. Requejo Says:

    Georg está aprendido a tocar la sonata Claro de luna de Beethoven: domina el primer movimiento, le atrae el segundo y le asusta el tercero (“es directamente amenazador”, p. 48).
    ¿Qué tendrá que ver esto con la novela? ¿Y con la vida? A lo mejor, cuando avances en la novela, podrás responderte.

    • Maria Luengos Says:

      Yo pienso que los movimientos de la sonata de Beethoven que Georg está aprendiendo hace referencia a las etapas de la vida. El primer movimiento sería cuando nace y aprende las cosas básicas como hablar, andar, leer, escribir… y lo domina ya que lo ha ido practicando hasta dominarlo.
      El segundo movimiento hace referencia a la siguiente etapa de la vida en la que Georg va a experimentar cosas nuevas. Tendrá que tomar decisiones sobre su futuro al igual que en la sonata tendrá que aprender cosas nuevas o practicar cosas nuevas. Esta etapa le atrae porque la primera ya la domina y quiere aprender cosas nuevas.
      El tercer movimiento estaría relacionado con la parte final de la vida o lo último que va a alcanzar. Le da miedo porque quizá sea la parte más difícil, en la que tendrá que tomar aún más decisiones de más peso y que igual aún no las ve claras ni las entiende o las ve muy lejos, y por eso le da miedo.
      Las etapas de la vida se reflejan en la historia claramente. Miriam, como la principiante en la vida; Georg, como un adolescente que está madurando con la dura muerte de su padre y los recuerdos que le trae; y el padre de Georg, como la persona que le toca aceptar que su tiempo se va a acabar pronto debido a una enfermedad.
      Esto tan solo es mi opinión, igual no coincide con lo que realmente tiene que ver en la novela.

    • Gema Cruz Says:

      Los movimientos de la sonata de Beethoven que Georg está aprendiendo a tocar nos pueden hacer reflexionar sobre los periodos por los que una vida puede pasar: la solidez de los primeros años que afianza los siguientes y fija con correcto equilibrio a la persona para lo futuro. Esto lo considero así porque, tú, como persona, puedes quedarte como presente una añoranza del pasado y una preocupación del futuro o hacerlo un verdadero disfrute del momento.
      Yo creo que este ejemplo tiene una gran relación con la vida y también con la novela a medida que va evolucionando.
      La madurez de un niño que perdió a su padre sin apenas conocerle y descubriendo, de la mano de éste, lo que es y ha sido la vida nos da evidencias de una evolución continua de ésta y del personaje en sí.
      En la novela, el padre de Georg teme a la muerte y éste se preocupa por lo que su hijo pueda temer o no sin él estar presente. Por eso finalmente le plantea la pregunta de la cual le asusta la respuesta.
      Nos gusta comenzar, nos atrae el continuar y nos asusta el terminar, la vida es un continuo cambio de sensaciones que forman parte de nosotros, lo que debemos hacer es ser valientes y no temer a nada.

  5. Alejandra Diaz Says:

    ¿Vivo mi tiempo, o me refugio en el recuerdo o en el mañana?- Creo que la raíz de mucho del estrés que sufrimos hoy en día viene de que nos agobiamos por un pasado que no podemos cambiar y tratamos de evadir un futuro que ni siquiera está definido. Creo que todos tenemos que tratar de vivir más en el presente.
    —-
    Aunque no sé aun qué va a pasar con la joven de las naranjas, y tal vez no fuera literal, me llama la atención el concepto de que ella eligiese al padre de Georg de entre la multitud, de que tal vez se conocieran de una vida pasada. Creo que todos nos preguntamos a veces si conocer ciertas personas ha sido mera casualidad, o si tal vez el destino ha tenido algo que ver.

  6. Juan L. Requejo Says:

    Cuando amas, aprendes a conocer todo mejor: a la persona que quieres y a lo que ella ama (las flores, los insectos, por ejemplo, p. 136), y también al Universo que observas; aprendes a meterse en el cuento del que ambos formáis parte y a la vez en “este gran cuento en el que vivimos” (p. 131). Pero todo cuento se acaba, el del amor y el de la vida. Cuando Verónica y Jan Olav dialogan sobre ello (p.126) uno lo vive como una oportunidad y otro como algo que acabará. ¿Y tú, de qué lado te inclinas?

  7. Juan L. Requejo Says:

    Y el padre se pregunta a sí mismo y pregunta a su hijo: si hubieras podido elegir, ¿hubieras aceptado venir a la vida o no? (p.151) ¿Qué responde Georg, de qué manera puede responder? Quizá debas dejar esta respuesta para el final. ¿Y su propio padre, qué responde? ¿O está esperando aún a que Georg lea la carta que le ha escrito para responderla? ¿Qué habrías elegido tú?

    • Francesca García Missana Says:

      La pregunta que nos plantea el padre de Georg al final del libro es, en mi opinión, una de las más difíciles. ¿Preferiríamos vivir aun sabiendo que todo aquello que se nos ha dado, todo aquello que nos ha hecho feliz, nos va a ser arrebatado tarde o temprano? ¿O tal vez preferiríamos no haber nacido para así no tener que sufrir en un futuro?
      Después de mucha reflexión, creo que me decantaría por la opción a la que optó Georg: preferiría vivir. No podemos dejarnos atrapar por el miedo a morir, ni preferir no vivir por el simple hecho de tener que abandonar todo aquello que hemos tenido algún día. En eso consiste la vida: nacemos, crecemos, aprendemos y finalmente morimos. Es más, personalmente, creo que no hay que temer a la muerte. Sé que suena difícil pero, ¿acaso nos podemos ir con mejor sabor de boca, que sabiendo que hemos aprovechado el regalo que nos ha sido concedido? Debemos disfrutar y aprender, crecer como personas e intentar todas las metas que nos propongamos. Debemos exigirnos lo mejor de nosotros mismos, para así sentirnos llenos y satisfechos. No tenemos que escondernos en el miedo a fallar, a caer. Tenemos que avanzar, seguir hacia adelante, y no detenernos a pensar en el fin de lo que en un presente te está haciendo feliz. Con esto me refiero a que no sirve para nada obcecarse en cosas en las que no tenemos ninguna opción de elegir y que, lo mejor que podemos hacer es despertarnos por las mañanas y preguntarle al mundo que nos deparará ese día. Así día tras día, año tras año, hasta que llegue el momento de despedirse, felices por haber vivido aquello que queríamos vivir. Asimismo, creo que mi visión sobre la muerte se acerca un poco a la de la fama de Manrique, aunque en mi caso no se trate de la fama, sino del recuerdo de los más allegados. Lo único que pido es que mis seres más queridos, los más cercanos, piensen en mí, y puedan decir que fui lo que quise ser siempre que quise serlo.

  8. Juan L. Requejo Says:

    La vida: ser y no ser, un asombro y una pena, una flor entre dos abismos, un encuentro (¿casual?) de dos seres que viven un cuento con sus propias reglas… ¿Merece la pena, como bien dice la expresión castellana? ¿Qué contesta, por fin, Georg a su padre?

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